La Alta Escuela Española, como disciplina hípica, sigue dando pasos adelante en el difícil camino hacia su consagración. Esta vez, una institución, un lugar emblemático, el corazón neurálgico de la equitación española por antonomasia, Jerez, la Real Escuela ha sido el marco desde el que potenciar nuestro Arte a Caballo.
Durante el fin de semana del 16, 17 y 18 de Abril, las cuadras, picadero, aulas y caballos de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre han rezumado la equitación más pura y a la vez más artística. En este marco, y bajo la coordinación de la Federación Andaluza de Hípica, con D. José Carlos González, como vocal de la Alta Escuela Española a la cabeza, se han llevado a cabo unas jornadas técnicas encaminadas a la formación de nuevos jueces en esta disciplina, así como servir de reciclaje a los más veteranos en la materia. Y si importante es la categoría del lugar elegido para este seminario, no podía ser menos la de los ponentes que en ellas dirigieron las exposiciones. De un lado, D. Jorge Conde, una persona de contrastadísima experiencia en esta dificilísima labor de juzgar binomios en la pista. Juez Nacional A de Doma Clásica, éste, aportó toda su sabiduría técnica en equitación unida a sus más de 25 años juzgando pruebas hípicas y supo con genial maestría aportar luz en los oscuros entresijos que se plantean a la hora de poner una nota a determinado movimiento, acción del jinete, coordinación músico-artística y demás elementos a tener en cuenta en el juzgamiento. Su afinadísima visión de cuantos detalles concurren en la pista en décimas de segundo, el cómo llegar a este grado de conocimiento, así como su profundo saber en el funcionamiento y desarrollo de Federaciones Ecuestres, concursos y Comités Organizadores fueron aportaciones de inestimable valor que Jorge pudo ofrecer a los asistentes con, además, una capacidad pedagógica y didáctica envidiable. Una cosa es saber mucho de una materia y otra muy diferente saber enseñarla.
Por otro lado, D. Juan Jesús Guerrero, quien en su día pasara por la Real Escuela como alumno, impregnándose de todo el saber de la equitación española más pura, más artística y más expresiva. El Recreo de las Cadenas fue su mejor escuela para llegar a ser uno de los jinetes que han tenido la suerte de formarse en tan emblemática institución, empapándose del buen hacer desde la equitación base hasta los característicos y difíciles aires elevados y saltos de escuela. Su inquietud por esta monta tan nuestra le ha llevado, no solo como decimos, a ser uno de los jinetes en la más amplia expresión de la palabra, encargado de transmitir todo aquello que un día aprendió a futuras generaciones, sino que, además, ha querido ser juez y velar así por el correcto y buen desarrollo de la más alta equitación académica. Juan Jesús desarrolló con gran maestría los puntos clave sobre los que discurre la Alta Escuela Española como disciplina deportiva, bajo el paraguas de su correspondiente Reglamento Específico y que en su edición de 2010 acaba de entrar en vigor.
Con todo ello, y sirviendo como marco las exposiciones teóricas de los ponentes, sus acertadísimos comentarios, su material audiovisual, exquisitamente elegido para la ocasión, así como la actuación de los caballos españoles en un picadero cubierto en cuyas gradas esta vez no encontrábamos visitantes ávidos de aplaudir a corvetas, cabriolas, levadas o paso español, sino los muchos ojos críticos de quienes se preparan para afinar con una nota tal o cual ejercicio. Como decimos, en este contexto, pronto se pudo comprobar que, más que un frío y simple seminario, aquello se convertía en mucho más: un auténtico foro de debate sobre todo lo concerniente a esta disciplina. Metodología y funcionamiento de los concursos, corrección de los movimientos, expresividad artística, transmisión de emociones, grado de dificultad de unos movimientos tremendamente complejos para caballos y jinetes. Interesantísimos coloquios que, como cabría de esperar, no se suscribieron sólo al ámbito del picadero, cuadras o aula del precioso Palacio que en el siglo XIX diseñara Garnier (autor de la Ópera de París) y fuese construido por Ravel, sino que transcendieron a los momentos de descanso, el cigarro, el almuerzo “en familia” en uno de los lugares con mayor solera de Jerez. Como único tema: el caballo, el Pura Raza Español, su potencialidad expresiva y artística como caballo de Alta Escuela.
Desde consagrados jueces, pasando por los jinetes que hoy están compitiendo en las pistas de Alta Escuela, así como jóvenes jueces en Doma Clásica, Técnicos Deportivos en Equitación, estudiosos del Arte Ecuestre y, cómo no, los Ignacio López, Fernando Ariza, Juan José Verdugo o Ángel Cid, jinetes-profesores que a diario moldean desde su saber y sentir ecuestres las difíciles obras de arte que la Real Escuela pone al servicio de todos aquellos que quieran disfrutar de tan bello espectáculo, mostrando cómo bailan los caballos andaluces. Todos ellos, cada uno aportando un punto de visión o una perspectiva diferente, han contribuido al avance de esta equitación tan nuestra con la difícil tarea que supone conjugar las nuevas ideas, con el saber transmitido desde los más antiguos maestros. Ni que decir tiene que con todo ello, quien gana es la Alta Escuela Española.
Que la Real Escuela haya sido la fuente desde donde se exporten todas esas ideas, debates, opiniones, no solo hacia las diferentes provincias andaluzas, sino a los más diversos lugares del territorio nacional e internacional (hasta Jerez se desplazaron representantes de las regiones balear y catalana así como de tierras italianas) constituye un hecho de indudable importancia, un gran espaldarazo para el desarrollo esta disciplina ecuestre como deporte, y que en este 2010 tiene como hito importante y cita ineludible la celebración, allá por los días de Octubre, del Campeonato de Andalucía de Alta Escuela Española en las propias instalaciones de la Real Escuela de Jerez.
